Entrevista a Fermin Muguruza, director de Next Music Station: Morocco (Mejor documental musical nacional)

[In-Edit Festival] Fuimos testigos de un encuentro histórico, porque no es habitual que un responsable de Al-Jazeera visite un festival de cine en nuestro país para debatir con alguien con tanto que contar como Fermín Muguruza. Montaser Marai, productor ejecutivo del departamento de programas de la cadena árabe, fue quién encargó al músico y cineasta vasco la apasionante serie de documentales Next Music Station, un total de once películas sobre las distintas realidades musicales de los países árabes. Fermín Muguruza charlará con él esta tarde en el Auditori Blanquerna (20h, Valldonzella, 12). Mientras, nos pone en antecedentes.



Cuéntame un poco cómo surge el proyecto Next Music Station, que te encarga la cadena Al-Jazeera.
Sí, es una serie documental hecha específicamente para uno de los canales que tiene Al-Jazeera Network, Al-Jazeera Documentary Channel, un canal temático exclusivamente de documentales. Me pidieron trece documentales de los cuales pudimos realizar once, ya que los que estaban dedicados a Argelia, que eran dos, no los pudimos realizar porque nos prohibieron no solo el permiso de rodaje sino incluso la entrada en el país, por estar rodando para Al-Jazeera. Es una serie que trata de dibujar el mapa sonoro de los países árabes y que surge a raíz de la anterior película que dirigí, Checkpoint Rock. Canciones desde Palestina. Es una película que estuvo en un montón de festivales, que se estrenó también en cines y cuando se proyectó el festival Cines del Sur de Granada, fue una gente de Al-Jazeera a verla y les encantó. Era un momento en que se habían animado a encargar proyectos a gente que no fuera árabe, el primero de ellos el guitarrista de Asian Dub Foundation Steve Chandra. En mi caso querían que retratase los países árabes que tienen más herencia cultural y musical.

Se van a proyectar un montón de estos documentales en el In-edit y además habrá una interesante charla con Montaser Marai, de Al-Jazeera, ¿puedes comentar un poco todo esto?
El proyecto finalmente consta de dos documentales sobre Marruecos, uno sobre Túnez, dos sobre Egipto, dos sobre el Líbano, uno sobre Siria, uno compartido entre Kuwait y Bahrein, uno sobre Yemen y el último sobre Sudán. De estos once documentales, nueve se están proyectando en el In-edit, algo que se convierte también en “inédito” y además hoy va a haber esta charla con Montaser Marai, que fue la persona que me hizo el encargo, ya que en ese entonces era el director de Al-Jazeera Documentary Channel. Esa charla va a ser una de las cosas más interesantes y que más envidia van a producir porque ya me ha empezado a pedir gente a ver si se puede hacer en otro lugar. A mí me parece una cosa genial y por eso estoy encantado.

Y en medio de este proyecto os estalla la primavera árabe, ¿no?
La verdad es que ocurre todo en un momento histórico, en un momento en el que tomamos el pulso de lo que está ocurriendo en cada país. No nos llegamos a imaginar nunca, ni siquiera ellos mismos, que se pudieran voltear a dictadores como se voltearon en Túnez y en Egipto. Lo rodamos todo en 2010, vinimos de Sudán en diciembre del año pasado y en enero empezó la revuelta en Túnez. La verdad es que fue muy emocionante, también muy inquietante, porque no podemos olvidar que han sido revueltas muy sangrientas, con más de 400 muertos en Túnez y más de 1.000 en Egipto, y estábamos muy atentos porque casi todos los músicos que entrevistamos fueron muy activos en estas revueltas.

¿En el momento en que estáis grabando se palpa el estado latente de esta revolución?
Sí, en Marruecos se comenta mucho esto, a veces de una forma metafórica a veces más directa, pero si algo nos quedó claro es que los países árabes no son algo uniforme. Sí que tienen algunas cosas en común pero cada país tiene su propia personalidad y su propia historia y este es el primer estereotipo que se nos cae. El movimiento del 20 de febrero en Marruecos es muy diferente del que ocurre por ejemplo en Túnez o en Egipto, ya que ni siquiera menciona que el rey se vaya, cuando es la primera reivindicación en Túnez. En cada país nos van contando todos sus anhelos, sus esperanzas, nos las van cantando y a la vez vamos viendo en qué tipo de contexto crean ellos su música, porque yo siempre digo que somos fruto de la realidad en la que estamos viviendo, a veces esa realidad viene determinada la zona en que vives, si es montañosa, si tiene contacto con los países del Mediterráneo, si es una zona desértica, el extrarradio de una ciudad grande o un pueblo pequeño. Todo eso va a influir en lo que el músico nos va a contar y va a ser una forma de conocer más al músico, a su música, pero también a ese pueblo al que pertenece.

¿Crees que en estos regimenes totalitarios, cuando falta la libertad de expresión, la música canaliza todos esos sentimientos que van por debajo?

Sí, porque en estos documentales se ven los grupos que pueden actuar en directo y el público que tienen y cómo se entrega ese público, cómo se identifica con el músico o cómo canta con él. Donde no hay conciertos en directo como en Kuwait, Bahrein o Yemen, se ve eso, que hay falta de conciertos y entonces cómo se expresan los músicos de distinta manera, pero la música qué duda cabe que es uno de los grandes instrumentos para unir a la gente y para transmitir un montón de cosas, y quizás dentro de las disciplinas del arte la que más sentimientos puede tocar. En ese sentido es valiosísima. Pero por otra parte es una disciplina que tiene muchas posibilidades. Para empezar no está limitada por el lenguaje, y la necesidad que tenemos de contaminarnos de la música de los de al lado hace que los músicos estemos siempre deseando estar en contacto con otros músicos. Eso provoca un nuevo estilo de comunicación y relación entre las personas que se puede extrapolar luego a las sociedades. No en vano yo creo que los músicos hemos estado siempre en la vanguardia de muchas cosas que después se han ido dando, como poder visualizar que músicos de distintas razas y distintas naciones se junten en un escenario.

¿Qué papel crees que tiene Al-Jazeera en este nuevo contexto político?

Bueno, creo que ésta es una pregunta muy compleja y que requiere mucho tiempo de respuesta y más teniendo en cuenta que ha habido un giro sobre todo con el tema de Libia, que se debiera entender contando primero como fue expulsada de Túnez, acusándola que estaba provocando la rebelión cuando en realidad lo que estaba haciendo era proyectar todo lo que estaba ocurriendo. Lo mismo después en Egipto, cuando incluso les cortaron la señal, y enseguida se les invitó desde un piso para que pudieran retransmitir en directo todo lo que ocurría en la plaza Tahrir. Lo que ocurre en Libia es que justo en los comienzos de las manifestaciones los pistoleros de Gaddafi matan a unos de los periodistas más queridos de la cadena. Pero lo que sí ha sido importante es que Al-Jazeera ha dotado de autoestima a todos los países árabes, porque han sentido que una cadena estaba contando las noticias desde su propio punto de vista, a diferencia de lo que estaba ocurriendo hasta ahora, que siempre se contaba desde el punto de vista occidental. Al-Jazeera da voz a los que no tienen voz y enseña lo que no enseñan las cadenas que están operando en cada país.

¿Es por eso que habéis tenido tantas dificultades para rodar los documentales?
Sí, cuando llegamos a Marruecos se nos requisó todo el equipo durante tres días porque trabajábamos para Al-Jazeera, después se les expulsó de Al-Ayun cuando retransmitían la gran acampada saharaui, en Túnez tuvimos todo el día a la policía detrás porque la cadena ya ha había sido expulsada del país, en Argelia no pudimos entrar, en Egipto teníamos que presentar el plan de rodaje todos los días a gente del Ministerio de Información, en Bahrein tuvimos prohibido el rodaje y lo hicimos de manera clandestina, en Yemen teníamos siempre a un policía al lado porque creían que íbamos a hacer un reportaje sobre Al-Qaeda y en Sudán nos dieron el permiso el último día, después de habernos puesto la vacuna contra la malaria, después de seis visitas a la embajada de Sudán en Madrid... o sea que ha sido algo muy pesado, muy difícil de realizar, pero ahora lo veo como un trabajo ya histórico, porque desde el comienzo de este año en muchos de los países ni siquiera se puede rodar y en otros el mapa musical ha cambiado completamente.

Pasando a otro tema, te quería preguntar sobre el cese de la violencia de ETA, ¿qué opinas al respecto?
La verdad es que llevaba tiempo sin venir a Cataluña, ya lo echaba de menos, y creo que es un momento genial para venir aquí y celebrar que ha habido un terremoto político impresionante, provocado por el cese unilateral de la violencia armada de ETA, algo que estamos celebrando ahí todos y que supone una “desnormalización”, porque para nosotros lo normal había sido siempre la existencia de un conflicto armado. Entonces, como en el Líbano, que cuando terminó la guerra decían que entraban en un momento de anormalidad política, nosotros de repente también estamos en una especie de estado de shock. Pero la verdad es que es un momento tan ilusionante, tenía que venir desde hace tanto tiempo y parece que llega tarde pero por fin se le va a dar una oportunidad a la palabra. Creo que es un momento increíble, quizás no seamos conscientes de la importancia histórica que tiene, pero creo que a partir de ahora van a pasar cosas muy interesantes y en este sentido solo puedo decir, al menos desde el campo de la cultura, de la música, del audiovisual, que tenemos que defender más que nunca esta reivindicación histórica del País Vasco, de nuestro derecho a la autodeterminación, a poder decidir y luego ese diálogo entre todos los demás pueblos del mundo. Creo que es más necesario que nunca.

 

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